La desconocida triada de la atleta

INTRODUCCIÓN

La triada de la atleta sigue siendo a día de hoy una gran desconocida (como mucho de los temas que conciernen al más puro ámbito femenino), a pesar de que es bastante común en jóvenes atletas, deportistas de rendimiento o mujeres físicamente activas. Se manifiesta sobre todo en mujeres cuya disciplina haga énfasis en un físico delgado o un índice de masa corporal y graso bajo.

Inicialmente la triada de la atleta fue reconocida como tres bloques interrelacionados: desordenes alimentarios, amenorrea y baja densidad mineral ósea. A día de hoy no se conoce la prevalencia real de la triada en la mujer deportista debido a la heterogeneidad de los estudios o a su metodología. Un estudio de Klungland & Sundgot-Borgen (2005) que estudió el riesgo de sufrir triada en mujeres deportista frente a controles encontró que las atletas reportaron más disfunción menstrual y fracturas por estrés en comparación con las control. Además, un mayor porcentaje de los atletas que compiten en deportes donde prima la delgadez (70,1%) se clasificaron en mayor riesgo de la Tríada en comparación con los atletas que compiten en deportes donde no prima el peso.

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Lo que si se sabe es que plantea riesgos significativos para la salud y consecuencias potencialmente irreversibles. Así, recae una gran papel en todas las personas involucradas alrededor de la deportista para dar indicaciones precisas necesarias para la prevención y proveer de un diagnóstico precoz y tratamiento adecuado.

 ¿EN QUE CONSISTE LA TRIADA DE LA ATLETA FEMENINA?

La triada de la atleta se compone de varios elementos que se retroalimentan entre si que normalmente aparecen por separado pero luego la aparición de uno o su persistencia conlleva al otro. Se entra en un ciclo difícil de ver y a veces incluso difícil de salir. El  American College of Sport Medicine (ACSM) se posicionó por primera vez  en 1997 (Otis et al., 1997). En 2007 hizo una actualización de su posicionamiento reconociendo un gran espectro de síntomas y condiciones entre la salud y la enfermedad (ACSM, 2007). Estas tres esferas incluyen:

  1. Disponibilidad energética.
  2. Función menstrual.
  3. Densidad mineral ósea.

Las consecuencias que acarrea para la salud suelen ser subestimadas y en muchos casos puede ser graves. Entre ellas se destaca el elevado riesgo de fractura por estrés al disminuir la densidad mineral ósea, cambios metabólicos, disfunciones reproductivas como imposibilidad por quedarse embarazada, desórdenes nutricionales, gastrointestinales e incluso consecuencias psicológicas como ansiedad, trastornos alimentarios y baja autoestima.

Los cambios en la ingesta de calorías pueden variar cada día, sin embargo, los cambios menstruales puede que no se manifiesten en meses y los de la densidad mineral ósea en años. De ahí la importancia en la detección y prevención. Cuando se habla de baja disponibilidad energética, en el posicionamiento de la ACSM también se cita que la baja disponibilidad energética o ingesta calórica puede ocurrir de manera intencionada o no en deportistas femeninas con o sin desórdenes alimentarios por lo que no siempre está asociado a trastornos de la alimentación sino simplemente que “el consumo calórico es bajo” un factor del que muchas atletas no son conscientes.

 ¿QUÉ SABEN REALMENTE LOS PROFESIONALES DE LA TRIADA?

Un estudio realizado el mismo año de del segundo posicionamiento de la ACSM de Troy et al., (2007) revela que es necesario un mayor nivel de conciencia y la educación en el tratamiento adecuado de la Triada de la Atleta. Se ha llegado a esta conclusión tras pasar un cuestionario a entrenadores, estudiantes de medicina, fisioterapeutas, etc. sobre su conocimiento de la triada de la deportista. Los resultados son bastante pesimistas teniendo en cuenta que serán parte de los involucrados en la preparación física de dichas atletas. Si no poseen conocimientos sobre el concepto y el abordaje de la misma será muy difícil hacer una detección temprana o incluso una adecuada prevención. Se desprende de los resultados del estudio que sólo un 8% de los entrenadores y un 43% de los fisioterapeutas fueron capaces de identificar sus tres componentes. Además, sólo el 9% de los médicos se sentían cómodos en el tratamiento de la triada.

Vistos estos datos, me propuse realizar un pequeño “estudio” al alumnado de 4º grado de Ciencias de la Educación Física y del Deporte de la Universidad de Vigo para ver si siete años después el conocimiento sobre la triada de la atleta había aumentado entre los profesionales del ejercicio físico y el deporte. Mi gran sorpresa o “quizá no tanto”, fue que de 20 respuestas a la pregunta “¿Cuáles son los tres componentes de la triada de la atleta?” sólo obtuviera una respuesta correcta. Por lo que parece, seguimos en la misma línea que hace medio siglo, en muchos aspectos relacionados con LA MUJER y específicamente LA MUJER DEPORTISTA pasan desapercibidos por completo. 

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SIGNOS O FACTORES DE RIESGO RELACIONADOS CON LA TRIADA.

  •  Baja autoestima, familias desestructuradas, abuso, personalidad o modos de proceder depresivos, obsesión con el peso.
  • Deportes como categorías de peso o disciplinas que favorecen la delgadez o envuelven un componente de valoración subjetiva.
  • Deporte de élite jóvenes o entrenamiento deportivo específico a edades tempranas.
  • Incapacidad para descansar o recuperarse.
  • Preocupación con la comida, las calorías, el peso corporal.
  • Las dietas frecuentes o restricciones en la dieta o la ingesta.
  • Exceso de entrenamiento, fracturas por estrés repetitivas.
  • Pérdida del ciclo menstrual
  • Rápidos cambios de peso.

Desde hace mucho tiempo ha sido reconocida la relación que hay entre el cese de la menstruación y el entrenamiento físico. La literatura ha descrito una prevalencia mayor de amenorrea en la población femenina deportista (3-66%) que la población femenina normal (3-5%) (Otis, 1992). Una reducción en la frecuencia de los pulsos de la hormona luteinizante (LH) de la glándula pituitaria es la causa directa de la amenorrea y de la supresión ovárica subsiguiente en las mujeres físicamente activas. Las concentraciones bajas de hormonas ováricas en las atletas amenorréicas y oligomenorréicas se asocian con la reducción de masa ósea e incremento en las tasas de pérdida ósea. Debido a los cambios en las hormonas que están asociados con la disminución de la disponibilidad de energía o la deficiencia de energía, el cuerpo de la atleta no es capaz de reemplazar las células óseas viejas con nuevas células sanas. Durante este tiempo, la deportista pone en riesgo la salud de sus huesos. Por otra parte, las atletas con bajos niveles de estrógenos deben ser concienciadas de los efectos negativos que esto tiene sobre la densidad ósea, aunque sea necesario que pasen muchos años con bajos niveles de estrógenos para que estos síntomas aparezcan. La situación es aún más alarmante para las niñas físicamente activas con períodos irregulares durante su pico años de formación ósea (pubertad a los 20 años). A pesar de los efectos de la construcción del hueso positivos del ejercicio, las deportistas con baja ingesta calórica en realidad no aprovechan el fortalecimiento ósea esperable. La pérdida de masa ósea o la baja densidad mineral ósea es un factor de riesgo para las fracturas por estrés y la aparición temprana de la osteoporosis (huesos débiles que se rompen con facilidad). En definitiva, la pérdida de masa ósea se ve agravada por la deficiencia de energía y baja ingesta calórica.

En el deporte, a veces se cree que es normal tener amenorreas o ciclos menstruales irregulares, llegando en algunos casos a favorecerse por cuestiones competitivas.

Muy lejos de la realidad, cuando existe un desequilibrio hormonal el cuerpo está comunicando que ¡algo está mal! Cualquier irregularidad menstrual debe ser evaluada por un médico en los tres primeros meses para comenzar con que el tratamiento adecuado cuanto antes.

Todas las mujeres deportistas o mujeres físicamente activas poseen un potencial riesgo de sufrir la triada aunque hay un perfil en concreto en donde la prevalencia se ve aumentada. La participación en deportes que resalten la pérdida de peso también puede ser un factor de riesgo tal y como nos señala la ACSM (2007). Entre estos deportes se incluyen:

1. Deportes en los cuales se otorga un puntaje subjetivo al rendimiento (danza, patinaje artístico, buceo, gimnasia, aeróbicos).

2. Deportes de resistencia en los cuales se resalta el peso corporal bajo (carreras a larga distancia, ciclismo, esquí a campo traviesa).

3. Deportes en los que se requiera para la competencia de ropa que revele la silueta (voleibol, natación, buceo, carreras a campo traviesa, esquí a campo traviesa y de pista).

4. Deportes en los que se utilicen categorías de peso para la participación (carreras de caballos, algunas artes marciales, lucha libre, remo).

5. Deportes en los que se resalta la condición del cuerpo prepúber para el éxito en el rendimiento (patinaje artístico, gimnasia).

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En definitiva, la participación en los deportes que favorecen un peso corporal magro  o los deportes que tienen categorías de peso o uniformes reveladores pueden llevar a algunas niñas y mujeres a hábitos alimentarios poco saludables. De ahí que se observase una mayor incidencia de desórdenes alimenticios en deportes que requieran de un determinado peso o porcentaje de masa graso.

Así mismo, cualquier pensamiento, creencia o comportamientos que conduzca a baja ingesta de comida podría ser considerado como un factor de riesgo potencial para el desarrollo de la Tríada. Por ejemplo: realizar dieta a una edad temprana; hábitos alimenticios caóticos (tales como saltarse las comidas), rechazo al tipo de cuerpo, creer que la pérdida de peso (o la grasa corporal) a cualquier costo mejorará el rendimiento.

MÁS VALE PREVENIR..QUE LAMENTAR.

La prevención, reconocimiento y tratamiento de la tríada de la atleta debe ser una prioridad para todos los profesionales involucrados en cualquier aspecto de la Atleta (médicos deportivos, nutricionistas, entrenadores, psicólogos, preparadores físicos) asegurar que las mujeres atletas a maximizar el beneficios del ejercicio regular y lograr una salud óptima, así como un rendimiento óptimo.

La mejor prevención será la realizada con un enfoque de un equipo multidisciplinar incluyendo al médico (u otro profesional de la salud profesional), nutricionista o dietista, una profesional de la psicología o psicología deportiva trastorno, profesional de las ciencias del ejercicio físico y del deporte, fisioterapeutas y familiares o padres.

 BIBLIOGRAFÍA

ACSM (2007). Female Athlete Triad Position Stand. Disponible en: http://www.femaleathletetriad.org/~triad/wpcontent/uploads2008/10ACSM_Female_Athlete_Triad_Position_Stand_2007.pdf

Troy, K.,  Hoch, AZ, Stavrakos, AZ (2006). Awareness and Comfort in Treating the Female Athlete Triad: Are We Failing Our Athletes? Winsconsin Medical Journal, 105 (7), 21-24.

Otis, CL., Drinkwater, B., Johnson, M., Loucks, A., Wilnore, J. (1997). American College of Sports Medicine position stand. The female Athlete triad. Med. Sci. Sports Exerc. 29(5), 1669-1671.

Otis, C. L. (1992). Exercise-associated amenorrhea. Clin. Sports Med.11:351-362.

Torstveit, M.K, Sundgot-Borgen, J. (2005). The female athlete triad: are elite athletes at increased risk? Med Sci Sports Exerc. 37(2), 184-93.

AUTORÍA

Tamara Rial. Phd, nº colegiada 13.756

Profesora colaboradora Universidad de Vigo

Directora Hipopresivos Pinsach&Rial

www.hipopresivos.com

www.tamararial.com

 

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